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Calor y sequía aumentan riesgos para la niñez en RD

La combinación de temperaturas elevadas y un prolongado déficit de lluvias comienza a generar efectos concretos en la República Dominicana, con especial preocupación por la población infantil y la disponibilidad de agua. El escenario se produce mientras las proyecciones climáticas apuntan a meses de mayor intensidad térmica.
Un estudio publicado en Science Advances establece que el 43 % de los niños de entre 0 y 9 años enfrenta al menos 30 días adicionales de estrés térmico cada año debido al calentamiento provocado por la actividad humana. La situación resulta particularmente relevante para los menores porque tienen mayores dificultades fisiológicas para regular su temperatura y dependen de los adultos para mantenerse hidratados y protegidos del calor.
En el caso dominicano, las altas temperaturas coinciden con una reducción considerable de las precipitaciones. Datos del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) correspondientes a junio indican que 24 estaciones registraron 1,197.3 milímetros de lluvia, equivalente al 44.72 % del promedio habitual y a un déficit de 55.28 %.
El impacto también se refleja en los sistemas de abastecimiento de agua. Informes de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) señalan reducciones de 68 % en la producción del acueducto Haina-Manoguayabo y de 65 % en el sistema Isabela. Isa-Mana y Duey también operan con reducciones superiores al 60 %.
Los problemas de presión e interrupciones ya han afectado sectores como Los Alcarrizos, Pedro Brand, Pantoja, Los Girasoles y zonas residenciales ubicadas en las proximidades de la avenida República de Colombia, donde ha sido necesario recurrir al suministro mediante camiones cisterna.
La situación de los embalses agrega otro elemento de preocupación. El volumen total almacenado en los sistemas monitoreados descendió de 1,526.72 millones de metros cúbicos a finales de julio a 1,343.89 millones el 21 de agosto, aunque las cifras incluyen volúmenes que no necesariamente representan agua aprovechable.
El panorama adquiere mayor relevancia debido a que la Organización Meteorológica Mundial sitúa entre noviembre de 2026 y febrero de 2027 el período de mayor intensidad de El Niño, mientras la NOAA proyecta una elevada probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría muy fuerte entre octubre y diciembre.
Ante este escenario, el desafío no se limita a garantizar el suministro de agua, sino también a preparar escuelas, hogares y comunidades para enfrentar condiciones de calor que pueden afectar con mayor intensidad a los niños y adolescentes.